lunes, 14 de febrero de 2011

Ley antitabaco: La ley que juega a ser cebo

No fumo. Me molesta el humo. Soy asmática y aborrezco volver a casa después de una noche de fiesta con ese insoportable olor a tabaco que tarda tres dias y seis duchas en desaderirse de mi piel y mi ropa. Reconozco que egoistamente "respiré tranquila" cuando la "ley antitabaco" comenzó a formar parte de forma reiterada de la comidilla social española. Pero de forma cómica también reconozco que, si antes había que llevar un mechero en el bolso antes de entrar en cualquier discoteca, ahora hay que llevar un desodorante spray porque el olor a humanidad se hace aun más denso y masticable que el del humo.

Y dejando atrás estas fusilidades, no se puede sino criticar una política que castiga al envenenado por consumir después de haberle vendido conscientemente el veneno. No se puede sino censurar una política que restringe libertades individuales y se adentra en el terreno de la propiedad privada para regular lo que podemos o no podemos hacer.

¿En pos del bien común? No nos dejemos engañar. El sida es aun más peligroso que el cáncer de pulmón y todavía no se han cerrado los prostíbulos.

No. No nos engañemos y no dejemos que desvíen nuestra atención. La crisis económica, consecuencia de una profunda crisis en el plano moral, que sufre España, no puede ser adulcorada con políticas antitabaco.

Luchemos por nuestros derechos. Al fin y al cabo se supone que estamos en un Estado Social y Democrático del derecho.

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