Agosto y el asfalto de Madrid no suelen llevarse bien. Hace calor. El sol abrasa y el suelo se vuelve magma. Los madrileños huyen a cualquier destino costero que calme la sed y la ciudad se acuesta y levanta prácticamente desierta. Hasta el parquímetro reduce sus tarifas.
Pero el 2011 se presenta inusual. Inusual, porque al calor habitual de la capital española, se unirá el de miles y millones de jóvenes de todo el mundo, que acudirán a Madrid con motivo de la XXIV Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar entre los días 16 y 21 de agosto de este año.
Y guste o no, para creyentes y ateos, la capital se tornará en una gran fiesta de culturas, lenguas y colores, unidos por un mismo ideal: cambiar el mundo.
Y puede que los escépticos frunzan el ceño y clamen al cielo. Es legítimo. Pero visto que el positivismo y el relativismo no han conducido al mundo precisamente a una era de cordura, quizás debamos dar a este agosto una pequeña oportunidad.

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