miércoles, 23 de febrero de 2011

Ensayo sobre Verdad y Conocimiento basado en el libro de Julian Baggini "Más allá de la noticia"

A la hora de abordar cualquier información, necesariamente entraran en juego el concepto sobre verdad y conocimiento. Dependiendo de la postura adoptada, la información, tanto su elaboración como su lectura, variará dentro de toda una gama de matices.

El conocimiento depende de la verdad, pero actualmente goza de gran popularidad la creencia de que no existe una sola verdad. Es aquí donde entra el relativismo para establecer que lo que para ti es verdad no tiene porqué serlo para mí, introduciendo una duda constante que acercándose a veces hacia el escepticismo, llega incluso a negar la existencia de una verdad absoluta, adentrándose en los razonamientos de que, dentro de una sociedad global y plural, en la que cada individuo tiene una visión particular del mundo, afirmar la existencia de una verdad sería arrogante y pretencioso. Pero el hecho de que la gente discrepe sobre la verdad no demuestra que haya más de una verdad. Lo único que vendría a demostrar es que la gente discrepa y en una discrepancia, sólo uno o ninguno tiene razón mientras que el otro se equivoca.

Afirmar que existe una verdad absoluta, por encima de las diferentes perspectivas que de ella se puedan tener, es mucho más razonable y humilde que afirmar que cada uno es poseedor de su propia verdad, lo que acabaría desencadenando un conflicto a escala mundial.

Julian Baggini, plantea cómo se hace necesario que la verdad moral deba mantenerse separada de la verdad fáctica  aludiendo la diversidad de códigos morales existentes y aquí, no obstante, podrían plantearse discrepancias.

De igual manera que la verdad fáctica es una a pesar de que puedan existir diversas ópticas de la misma dependiendo del punto desde el que se observe, existe también una verdad moral única que encontrará mejor o peor reflejo en cada uno de los códigos morales establecidos por los individuos. Para un suicida islámico, el hecho de acabar con vidas de infieles abanderado por la fe es la máxima expresión de la verdad moral y relativizar el hecho dándolo por válido no sería sino la misma cobardía que hacerlo a nivel de la verdad fáctica.

El gran problema, independientemente del nivel en el que nos encontremos, no será la existencia o no de una verdad absoluta (que existe), si no la posibilidad humana (en atención a sus múltiples limitaciones) de conocer de forma plena esa verdad. Nos adentramos ya aquí en la cuestión del conocimiento.

El escepticismo acerca del conocimiento requiere una concepción realista de la verdad, porque para dudar sobre la posibilidad de conocer la verdad, hay que partir de que la verdad existe. Aquí se hace fundamental la cuestión de la prueba. El problema parece ser que no suele haber pruebas para admitir la verdad  o la falsedad de un hecho y sin pruebas no puede haber conocimiento de la verdad sino solamente opinión.

En derecho, para probar algo, hay que demostrar que ese algo es verdadero, más allá de toda duda razonable. Sin embargo, es cierto, que para afirmar la verdad absoluta, no bastaría con salvar la duda razonable sino que habría que llegar a demostrar que algo es verdadero más allá de toda duda posible. Pero aquí se introduce de nuevo la limitación del ser humano que solo alcanza a conocer parcelas cerradas de la verdad tanto fáctica como moral, lo que no implica nunca su inexistencia.

Buscando la objetividad, nunca llegaremos a alcanzarla puesto que el hombre es sujeto y no objeto, lo que tampoco implica de alguna manera que la objetividad no exista. El objetivo lo que manifiesta la verdad sin edulcorantes. Por eso, la postura más correcta será aquella que en busca de la verdad como objetivo último, más se acerque a ella.

Si insistimos en que antes de aceptar que una cosa cualquiera es verdadera, es imprescindible la prueba conclusiva de que lo es, nunca podremos aceptar como verdadero ningún enunciado sustantivo acerca del mundo. Por eso, deberemos conformarnos con la prueba fuera de toda duda razonable y para ello, podremos utilizar un método de razonamiento conocido como abducción. La cuestión es que a menudo nos encontramos con varias explicaciones posibles de un hecho sin que sepamos cual es la verdadera. En tal caso solo podremos decidir cual es la explicación mejor. Para ello, en primer lugar deberemos tener en cuenta que, cuando una explicación contradice otros hechos bien establecidos, hay que tener muy buenas razones para aceptar su verdad. En segundo lugar, si tenemos dos explicaciones para un suceso, habrá que acogerse a la idea de que, si todo lo demás permanece igual, siempre deberemos preferir la explicación más simple antes que la compleja. Por último, habrá que preferir la teoría de mayor poder explicativo. Vemos así, como este método abductivo para decidir cual es la verdad, nos obliga a aceptar ciertas limitaciones a nuestro conocimiento pero no obstante, rechazamos el relativismo puro y duro y sugerimos que es necesario aceptar que hay una diferencia entre lo que tomamos por verdadero y lo que es verdadero, lo que nunca implica la inexistencia de una verdad absoluta.


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