sábado, 26 de febrero de 2011

Levantando catedrales

El periodista ha sido considerado a lo largo de la historia como un personaje de relevancia pública en tanto en cuanto su misión consistía en desvelar la verdad y mostrarla a los ojos de todos.

Y esa es su verdadera misión, con independencia que la industria de los medios, de que la empresa de los medios o de que la economía de los medios, trate de convertirle en un muñeco de feria, manipulador y desviador de la verdad para la protección de intereses, desde luego no siempre legítimos.

El prestigio del periodista ha caido en picado. Su profesionalidad está en entredicho. Pero en el periodismo pasa como en la visa real: hay hombres buenos y hombres malos.

Reconquistemos nuestro terreno abanderados por la honradez, la eficacia, el prestigio y la responsabilidad.

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