Il Cavaliere se verá las caras con la justicia, el próximo 6 de abril, por la imputación de los delitos de cohecho y prostitución de menores.
Nada que sorprenda si bien llega bastante a destiempo, puesto que, incontables han sido ya las ocasiones en las que hemos visto destapadas las innumerables correrías de Silvio Berlusconi, burlando la justicia, la moral, la honestidad y la elegancia.
Y como éste, tantos ejemplos de las clases políticas dirigentes de más de un país europeo que convierten la democracia en demagogia y el gobierno de una nación en puro oportunismo.
Desde pequeña me enseñaron que no solo basta con ser bueno sino que además, hay que parecerlo.
La política, desde los tiempos de Sócrates, se configura como un servicio al pueblo y sus derigentes debían ser líderes superdotados en virtudes como la justicia, el desinterés, la prudencia, la honradez, el espítiru de servicio y la inteligencia.
Hablar de todo ello nos hace sonreír con razón. Pero resignarse es de cobardes. Y deberíamos comprometernos a vaciar el hemiciclo si así fuera necesario. Porque en política, hombres de una pieza quedan muy pocos. Y exponer, encogiéndose de hombros, que la democracia es tan solo la mejor forma de gobierno posible, no sirve.

No hay comentarios:
Publicar un comentario