viernes, 18 de marzo de 2011

Donde lleves al corazón

El Fiume Arno me tenía hipnotizada. Su ritmo era tranquilo y sus aguas, bañadas por el sol, desprendían un reflejo de plata como sólo sabe hacer el Mediterráneo cuando amanece. De vez en cuando, grupos de canoas y remeros surcaban sus aguas tranquilas. Creaban ondas que crecían con la misma cadencia pausada hasta que se desvanecían. Era bastante ancho. Estaba flanqueado a intervalos por llanos de hierbajos salvajes y custodiado por múltiples puentes que entrelazaban una y otra parte de Florencia. Uno llamó especialmente mi atención porque no parecía un puente sino un conjunto de casas de cuento  y de diversos colores flotando en el aire por arte de magia. Estaban colgadas sobre el Arno, sostenidas por sólidas vigas de madera ajustadas a los estribos del puente. Movida por la curiosidad, intenté ubicarlo en el mapa para visitarlo. Era el Puente Vecchio, como conocería después, el más célebre de Florencia, así como el más antiguo, situado en el distrito de Oltrarno que literalmente significaba “mas allá del Arno”. Había sido precedido por otro puente construido por los romanos sobre las ruinas de uno etrusco y su última reconstrucción era de 1345. El Ponte Vecchio había estado siempre habitado. Antiguamente, alojaba los establecimientos de los carniceros, tintoreros y herreros pero, a finales del siglo XVI, Gran Duque de Toscana, obligó a los comerciantes a desalojar el puente, debido al alboroto y al hedor que se desprendía de los establecimientos.
Como la mayoría de los artesanos se rebelaron ante dicha orden, las autoridades enviaron tropas para que derribaran los establecimientos y rompieran las bancas en las que vendían sus mercancías. Seguidamente, los plateros, orfebres y pañeros habían ocupado el lugar de los anteriores en el Ponte Vecchio, reconstruyendo los antiguos establecimientos para convertirlos en tiendas agradables que, con el paso de los siglos, llegaron a ser las joyerías y tiendas estupendas existentes hoy en día. Hubiera dado cualquier cosa por una habitación sobre el Arno, en cualquiera de aquellas casas flotantes.


No hay comentarios:

Publicar un comentario