sábado, 9 de abril de 2011

Incómodamente tres

Ocho de abril del 2011 a las 20.35 p.m. Café y té de Manuel Becerra. Trasunto corriente de gente corriente que regresa a sus casas tras una agotadora jornada laboral. Valientes que aún reservan fuerzas para una sesión de gimnasio en el centro Wellnes. Parroquianos que salen de misa de ocho en la iglesia de enfrente.

Una mesa me separa de mi amiga Isabel.

Hemos quedado después de cuatro años sin vernos porque acaba de mudarse a Madrid tras acabar la carrera en Valencia. Sigue igual de rubia que siempre. Igual de rellena. Conserva la misma sonrisa burlona e inocente y la misma mirada azul intensa.

Habla y habla sin parar. Del colegio, de la universidad, de lo encantada que está en la capital. De vez en cuando se para y sorbe un traguito de café al tiempo que contesta algún what`s up que acaba de llegarle a su blackberry de funda roja. Sigue hablando y vuelve a cojer el móvil. Me sonríe y mira el movil. Continúa hablando mientras distraidamente hace girar su celular sobre la mesa antes de volver a teclear rutinariamente sobre él.

La había echado mucho de menos. Pero allí estaba por fín.

Y aquella tarde retomamos una amistad no olvidada  pero si distanciada en el tiempo y el espacio. Otra vez juntas. Otra vez la misma complicidad.
Y todo hubiera sido exactamente igual que antes. Exactamente igual de no ser por aquel intruso que se había colado curiosamente entre ella y yo y ya no nos permitiría jamas volver a estar enteramente solas...

A partir de aquel reencuentro, ya siempre fuimos tres...ella, yo... y sus constantes contactos sociales que no dejaban de hacer parpadear en rojo la lucecita molesta de su blackberry de funda roja...

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