domingo, 31 de octubre de 2010
¿Y qué pasaría si de repente, volvieras a creer en los cuentos de hadas?
¿Esperarás a crecer para olvidarte de que fuiste un niño? ¿Dejarás de pensar que existen los finales felices?
La inocencia no es sólo cosa de niños.
La felicidad no es sólo para los ilusos...
Y es cierto que hay magia detrás de cada cosa pequeña. Y es cierto que podemos ilusionarnos con cada pequeño detalle.
Pero para ello hay que crecer sólo por fuera. No se trata de ser Peter Pan. Se trata de no olvidar nunca que cada día es único e irrepetible y se nos regala para ser vivido.
Como los niños para los que el verano se hace eterno porque no cuentan los segundos que pasan ni lo que les queda por hacer. Como los niños que disfrutan de la tarde, admirándose del paso lento de un caracol. Como los niños que sólo recuerdan el sabor del helado de chocolate y lo feliz que hicieron a sus padres el día que decidieron comerse los guisantes sin rechistar.
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